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¿Es peligroso ser madre gestante? Los riesgos reales

¿Es peligroso ser madre gestante? Los riesgos reales

La respuesta honesta tiene dos mitades y las dos importan. Ser madre gestante no es una temeridad: la inmensa mayoría de los embarazos por subrogación en Estados Unidos terminan con una mujer sana y un bebé sano. Pero tampoco es “seguro” en el sentido de sin riesgo, y quien te lo presente así no te está informando, te está vendiendo algo.

Lo que estás aceptando son los riesgos del embarazo y del parto en EE.UU. —que son reales y están medidos— más algunos riesgos añadidos por la forma en que se logra ese embarazo. Es cierto que el cribado al que te van a someter elimina de partida varios factores de riesgo conocidos. Pero conviene decir de inmediato lo que casi nunca se dice: los estudios que han medido embarazos por subrogación no encuentran menos complicaciones que en el resto de embarazos, y en varias categorías encuentran más. Es decir, que partas de un historial sano no te garantiza un embarazo más fácil que la media.

Aquí están las cifras, sin dramatizar y sin maquillar.

Puntos clave

  • El riesgo es obstétrico, no “de subrogación”. Lo que puede salir mal es lo mismo que puede salir mal en cualquier embarazo: hipertensión, diabetes gestacional, hemorragia, parto prematuro, cesárea con complicaciones.
  • El cribado quita factores de riesgo conocidos, pero no te coloca por debajo del promedio. Los datos disponibles sobre gestantes describen más trastornos hipertensivos, y en EE.UU. más parto prematuro, más alteraciones de la placenta y más hemorragia posparto que en los embarazos en general.
  • Hay un riesgo añadido específico: la transferencia de embriones congelados en ciclo hormonal y los óvulos de donante se asocian a más trastornos hipertensivos. La evidencia es observacional y de certeza baja, pero es consistente y casi nadie te la menciona.
  • El riesgo se acumula. Cada embarazo y sobre todo cada cesárea aumentan el riesgo del siguiente, especialmente el de anomalías de la placenta. Por eso existen límites profesionales al número de partos previos.
  • Buena parte del riesgo se gestiona, no se elimina: evaluación médica exhaustiva antes de firmar, control prenatal estrecho, transferencia de un solo embrión, seguros verificados por escrito y un contrato que diga qué pasa si algo va mal.
  • Si una agencia te dice que “no hay riesgo”, esa agencia es el riesgo.

Lo que dicen las cifras del embarazo en EE.UU.

Estas son las tasas de la población obstétrica general estadounidense. Tu riesgo personal será distinto, pero es el punto de partida honesto.

Trastornos hipertensivos y preeclampsia. Los CDC han estimado que aparece algún trastorno hipertensivo del embarazo en aproximadamente 1 de cada 7 hospitalizaciones por parto. La preeclampsia en concreto se sitúa, según las estimaciones más citadas, en torno al 3–5% de los embarazos. Es la complicación que más se vigila en subrogación, porque puede aparecer sin síntomas y porque el único tratamiento definitivo es dar a luz.

Diabetes gestacional. En torno al 8% de los embarazos en EE.UU., según los datos de natalidad de los CDC. La mayoría se controla con dieta y monitoreo de glucosa; una parte necesita insulina.

Hemorragia posparto. Alrededor del 3% de los partos, con estimaciones publicadas que oscilan aproximadamente entre el 1% y el 5% según la definición que se use. Es una de las causas evitables más frecuentes de morbilidad materna grave, y es también la razón por la que dónde des a luz importa tanto: un hospital con banco de sangre y protocolo de hemorragia responde distinto a uno que no lo tiene.

Cesárea. Alrededor del 32% de los partos en EE.UU., aproximadamente uno de cada tres.

Mortalidad materna. Es la cifra que nadie quiere mirar y por eso la pongo. Los CDC registraron 18,6 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos en 2023 —aproximadamente 1 por cada 5.400 nacidos vivos—. Ojo con el denominador: la tasa se calcula sobre nacidos vivos, no sobre embarazos, así que no es lo mismo que decir “1 de cada 5.400 embarazos”. Es un riesgo bajo en términos absolutos, no es cero, y está muy mal repartido: en 2023 la tasa entre mujeres negras no hispanas fue de 50,3 por 100.000, frente a 14,5 entre mujeres blancas no hispanas y 12,4 entre mujeres hispanas. Ese riesgo, pequeño pero real, es exactamente la razón por la que en muchos acuerdos se contrata un seguro de vida a nombre de la gestante. No es burocracia.

Lo que se ha medido en embarazos por subrogación

Aquí está el dato incómodo que rompe el discurso comercial habitual.

Durante años se dio por supuesto que, como a las gestantes se las criba, sus embarazos debían ir mejor que la media. Los pocos estudios que lo han medido no confirman esa idea. Un metaanálisis de 2024 sobre resultados en gestantes encontró más trastornos hipertensivos del embarazo que en embarazos no subrogados. Un estudio nacional estadounidense del mismo año describió, en embarazos por subrogación, más parto prematuro, más alteraciones placentarias y más hemorragia posparto.

Hay que leer esos resultados con cuidado, en las dos direcciones:

  • Son estudios observacionales, no ensayos. No demuestran que “ser gestante” cause esas complicaciones.
  • Hay factores que se solapan y que probablemente explican parte del efecto: los embarazos por subrogación usan casi siempre FIV, con más frecuencia son gemelares, con más frecuencia proceden de transferencia de embrión congelado en ciclo hormonal y con más frecuencia usan óvulo de donante. Todos ellos se asocian por separado a más complicaciones.
  • Aun así, la dirección del hallazgo es la contraria a la que te van a contar. No tienes base para esperar un embarazo más fácil que el promedio. Las tasas nacionales son un suelo razonable, no un techo.

Esto no es un argumento para no hacerlo. Es un argumento para exigir vigilancia obstétrica seria, transferencia de un solo embrión y un contrato que contemple complicaciones, en vez de confiar en que el cribado ya te protege.

Qué hace el cribado y qué no hace

Las cifras del apartado anterior describen a todas las mujeres que dan a luz en EE.UU.: incluyen embarazos sin control prenatal, hipertensión crónica no tratada, diabetes previa, tabaquismo, obesidad severa, adolescentes y mujeres de más de 45 años. Tú no vas a entrar en ese promedio por la puerta grande, porque hay un filtro previo.

La ASRM, que es la sociedad profesional de referencia en EE.UU., plantea como criterios ideales —no como requisitos legales— que la gestante tenga entre 21 y 45 años, al menos un parto previo a término sin complicaciones, un número limitado de partos y cesáreas previas, y una evaluación médica y psicológica individual, con revisión de sus expedientes obstétricos.

Lo que muchas agencias presentan como “los requisitos nacionales” no lo son. El índice de masa corporal entre 19 y 32–34, la exclusión automática por antecedente de preeclampsia, de parto prematuro o de diabetes gestacional tratada con insulina, o el número máximo de procesos permitidos, son políticas de cada clínica y de cada agencia, y varían bastante entre unas y otras. Si te rechazan en un sitio por un umbral concreto, puede que en otro no aplique el mismo; y al revés, que otro te acepte no significa que ese criterio no importara. Todo el proceso de evaluación está detallado en qué pasa en la evaluación médica de subrogación.

El efecto de ese filtro existe: seleccionar mujeres con un embarazo previo sin complicaciones desplaza el riesgo hacia abajo, porque el mejor predictor de cómo irá este embarazo es cómo fue el anterior. Pero reducir probabilidades no es anularlas, y ese desplazamiento no basta para compensar todo lo demás:

  • Una mujer sin ningún factor de riesgo puede desarrollar preeclampsia.
  • Una hemorragia posparto puede ocurrirle a quien tuvo dos partos impecables.
  • Las gestantes suelen ser mayores que la media de las mujeres que dan a luz, y la edad sube por sí sola el riesgo de hipertensión y de diabetes gestacional.
  • El tratamiento con el que se logra el embarazo añade sus propios riesgos, y de eso va el apartado siguiente.

El riesgo añadido que casi nadie menciona

Un embarazo subrogado no se consigue como un embarazo espontáneo, y esa diferencia tiene consecuencias medibles.

El tipo de ciclo. Muchas transferencias —no todas— se hacen con embriones congelados en un ciclo preparado con hormonas, en el que tu cuerpo no ovula y por tanto no forma cuerpo lúteo. Un metaanálisis de estudios observacionales asocia ese tipo de ciclo con un riesgo de trastornos hipertensivos del embarazo del orden de 1,5 a 2 veces mayor que un ciclo natural. Dos advertencias importantes: la evidencia es observacional y sus autores la calificaron de certeza baja o muy baja, y hay ciclos naturales o naturales modificados, con poca o ninguna medicación, que también se usan en subrogación. Pregunta cuál te van a hacer y por qué.

El origen del óvulo. El embrión puede haberse creado con óvulos de la madre intencional o de una donante; ambas situaciones existen y ninguna es “la normal”. Cuando el óvulo es de donante, varios estudios observacionales describen más preeclampsia. Es un dato que tu obstetra debería conocer.

La medicación. Los protocolos varían: lo habitual es estrógeno y progesterona, pero la vía (inyección intramuscular en aceite, óvulos vaginales o ambas), la dosis y la duración cambian según la clínica y el tipo de ciclo. Si te toca progesterona intramuscular, prepárate para semanas de dolor en el sitio de inyección, hinchazón y cansancio. Pide el protocolo por escrito antes de firmar.

La aspirina, con criterio. Esto se recomienda mal muy a menudo. La ACOG considera la fecundación in vitro un factor de riesgo moderado de preeclampsia, y la aspirina en dosis baja está indicada cuando hay al menos un factor de alto riesgo (embarazo múltiple, hipertensión crónica, diabetes preexistente, enfermedad renal, enfermedad autoinmune o preeclampsia previa) o al menos dos factores moderados (por ejemplo, FIV junto con edad de 35 años o más, o con un IMC superior a 30). Haber concebido por transferencia de embrión o con óvulo de donante no basta por sí solo para indicarla. Cuando sí está indicada, se inicia entre las semanas 12 y 28, idealmente antes de la 16, y se mantiene hasta el parto. Esa conversación tienes que tenerla con tu obstetra, con tu historial delante.

Un riesgo que no corres: el síndrome de hiperestimulación ovárica. Tú no produces óvulos en este proceso, así que no recibes estimulación ovárica. Ese riesgo pertenece a la donante, que es una figura distinta —lo explicamos en donante de óvulos vs. madre subrogada—.

Y el factor que más multiplica todo lo anterior: transferir dos embriones. Un embarazo gemelar sube el riesgo de preeclampsia, diabetes gestacional, hemorragia y cesárea, y alrededor del 60% de los gemelos nacen antes de las 37 semanas, según los datos de natalidad de los CDC. Además, un embarazo múltiple es en sí mismo un factor de alto riesgo que cambia la indicación de aspirina. Si te ofrecen transferir dos, lee primero transferencia de uno o dos embriones: es la decisión con más impacto sobre tu seguridad de todo el proceso, y la voz que más pesa debería ser la tuya.

La cesárea y quién decide

Si ya tuviste una cesárea, la probabilidad de otra es mucho mayor. Eso depende de tu historial, del tipo de incisión previa, de la evolución del embarazo y de si el hospital ofrece prueba de parto tras cesárea, algo que no todos hacen.

De lo que no depende es del contrato. Un acuerdo de subrogación puede documentar expectativas y preferencias —tu deseo de intentar un parto vaginal, el compromiso de los padres intencionales de respetarlo—, pero ningún contrato sustituye tu consentimiento informado ni decide por ti una intervención sobre tu cuerpo. La ASRM reconoce expresamente la autonomía corporal de la gestante: las decisiones médicas durante el embarazo y el parto las tomas tú con tu equipo médico. Si una agencia o un abogado te sugieren lo contrario, es una señal de alarma, no una cláusula.

Lo que sí conviene aclarar antes de firmar: en qué hospital está previsto que des a luz y si ofrece prueba de parto tras cesárea. Pregúntalo antes de firmar, no en la semana 38 —y entiende que un plan hospitalario puede cambiar por indicación médica o por urgencia—.

El riesgo acumulado: el segundo embarazo no empieza de cero

Esta es la parte que se omite más a menudo, y es la que quiero que te lleves.

Cada embarazo vuelve a exponerte a la misma lista de complicaciones. Pero además hay riesgos que crecen con el historial, sobre todo los relacionados con la placenta y con las cicatrices uterinas. El espectro de placenta acreta —una placenta que se adhiere demasiado profundamente y que puede causar hemorragia masiva o requerir histerectomía— es poco frecuente en la población general (la ACOG cita estimaciones estadounidenses del orden de 1 de cada 272 partos), pero su probabilidad sube con cada cesárea previa.

Cuando además hay placenta previa, las cifras dejan de ser pequeñas. Según las estimaciones que recoge la ACOG, el riesgo de acretismo en una mujer con placenta previa es de aproximadamente el 11% con una cesárea previa y de alrededor del 61% con tres. No es “un pequeño aumento”: es la diferencia entre un riesgo excepcional y un riesgo mayoritario.

Por eso la ASRM sugiere, como criterio ideal, no más de cinco partos previos y un número limitado de cesáreas previas —las clínicas suelen fijar el tope en dos o tres—, y por eso muchas agencias limitan el número de procesos de subrogación por mujer. No son cifras arbitrarias: son el reconocimiento de que el riesgo se suma.

Si estás considerando un segundo o tercer proceso, la pregunta correcta no es “¿me fue bien la vez pasada?”. Es: “¿cómo quedó mi útero después de la vez pasada, y qué dice mi obstetra sobre otro embarazo más?”.

La parte que no aparece en las estadísticas

La restricción de actividad. A muchas mujeres se les indica “reposo” durante semanas, y eso trastoca el trabajo, la pareja y los hijos. Vale la pena saber que la ACOG desaconseja el reposo y la restricción de actividad rutinarios en el embarazo: no se ha demostrado que prevengan el parto prematuro ni otras complicaciones, y sí tienen riesgos conocidos, como trombosis venosa, pérdida de masa muscular y de condición física, y consecuencias económicas y emocionales. Si te lo indican, pregunta para qué exactamente, por cuánto tiempo y qué evidencia lo respalda. Y que el contrato diga quién cubre tu salario y el cuidado de tus hijos si ocurre.

El parto prematuro, que puede dejar al bebé en la UCIN y a ti yendo al hospital todos los días durante semanas, con un duelo raro: no es tu hijo, pero has sido tú quien lo ha gestado.

La recuperación posparto, a veces más dura de lo esperado, y el estado de ánimo. En EE.UU., alrededor de 1 de cada 8 mujeres declara síntomas de depresión posparto en las encuestas de los CDC. Conviene precisar dos cosas: eso son síntomas reportados, que no equivalen automáticamente a un diagnóstico clínico, y la evaluación psicológica previa —que sirve para prepararte, detectar antecedentes y decidir apoyos— no se ha demostrado que reduzca por sí sola ese riesgo. Que el bebé se vaya a casa con su familia no te vuelve inmune. Si te ha pasado antes, dilo en la evaluación: ocultarlo no te protege, te deja sin red.

Y también existe la posibilidad de que el embarazo no siga adelante, algo que conviene haber pensado antes: lo tratamos en qué pasa si hay un aborto espontáneo en la subrogación.

Lo que el contrato debería cubrir (y lo que no está garantizado)

Aquí hay que ser precisa, porque se repite mucho una idea falsa: que ciertas protecciones “vienen incluidas”. No vienen incluidas. La ley de subrogación cambia por estado y casi todo lo demás son cláusulas que se negocian, no derechos nacionales. Que sea habitual en buenos acuerdos no significa que esté en el tuyo.

Revisa con tu propia abogada —pagada por los padres intencionales pero que te representa a ti, no a la agencia ni a ellos— al menos esto:

  • Quién cubre el salario perdido por reposo, complicaciones o recuperación, y con qué tope.
  • Quién paga el cuidado infantil durante citas médicas, restricción de actividad y posparto.
  • Qué cobertura de salud tienes exactamente, quién paga las primas y los copagos, y hasta cuándo sigue vigente después del parto.
  • Si hay un seguro de vida a tu nombre, quién lo paga, por cuánto y quién es la beneficiaria.
  • Si existe compensación específica por pérdida de órganos reproductivos o por otras complicaciones graves, y de cuánto.
  • Quién paga la terapia posparto y durante cuánto tiempo.

Si algo de esto no aparece por escrito, no está. Y el momento de discutirlo es antes de firmar, no en el paritorio. El recorrido completo, desde la primera solicitud hasta el contrato, está en cómo ser madre gestante en EE.UU..

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la probabilidad de morir siendo madre gestante?

No existe una tasa de mortalidad materna publicada específica para madres gestantes. El único punto de referencia disponible es el nacional: 18,6 muertes por 100.000 nacidos vivos en 2023, y 12,4 por 100.000 entre mujeres hispanas.

No puedo decirte que el riesgo de una gestante cribada sea menor que esa media, y desconfía de quien te lo diga: no hay ninguna estimación que lo sustente, y los estudios de morbilidad disponibles —que describen más trastornos hipertensivos, prematuridad y hemorragia en embarazos por subrogación— no permiten extrapolar una mortalidad más baja. Lo honesto es esto: el riesgo absoluto de morir en un embarazo es bajo, no es cero, y nadie puede darte un número exacto para tu caso.

¿Puedo perder el útero?

Es raro y es posible. La histerectomía periparto de emergencia se produce, según estimaciones estadounidenses publicadas, en el orden de 1 por cada 1.000 partos, aunque la cifra varía según la definición y el tipo de hospital; las causas habituales son la hemorragia incontrolable y la placenta anormalmente adherida. Muchos contratos de subrogación incluyen una compensación específica por pérdida de órganos reproductivos, pero no es un derecho automático: es una cláusula que se negocia. Si el tuyo no la incluye, pregúntale a tu abogada por qué y pide que se añada.

¿Ser madre gestante afecta a mi fertilidad futura?

Un embarazo subrogado sin complicaciones no suele afectar tu capacidad de concebir después. Lo que sí puede afectarla es una complicación grave: una cesárea con adherencias importantes, una infección uterina o, en el caso extremo, una histerectomía. Si quieres tener más hijos propios, díselo a tu equipo desde la primera conversación: influye en cuántos procesos te conviene hacer y en cuándo.

¿Cómo sé si una agencia está siendo honesta conmigo sobre los riesgos?

Por cómo responde a preguntas incómodas. Una agencia seria te dirá que la preeclampsia es un riesgo real, te explicará por qué se recomienda transferir un solo embrión, te pondrá en contacto con una abogada independiente antes de firmar y te dirá qué hospital está previsto y qué cubre exactamente tu seguro. Prueba con estas tres: “¿qué dicen los estudios sobre complicaciones en embarazos por subrogación?”, “¿quién paga si necesito reposo tres meses?” y “¿puedo hablar con una gestante a la que le fue mal?”. Si la conversación sobre riesgos se resuelve con “no te preocupes, todo va a estar bien”, eso no es tranquilidad: es falta de información.

Fuentes y aviso

Las cifras citadas provienen de datos y guías estadounidenses de acceso público. Cada fuente indica qué dato sostiene:

  • Mortalidad materna 2023 (18,6 general; 12,4 en mujeres hispanas; 50,3 en mujeres negras no hispanas): CDC/NCHS, Maternal Mortality Rates in the United States, 2023cdc.gov
  • Trastornos hipertensivos en 1 de cada 7 hospitalizaciones por parto: CDC, MMWR, Hypertensive Disorders in Pregnancy Among Delivery Hospitalizationscdc.gov
  • Tasa de cesárea, diabetes gestacional y prematuridad en embarazos gemelares: datos de natalidad del NCHS; resumen en cdc.gov/nchs/fastats/delivery.htm y cdc.gov/nchs/fastats/births.htm
  • Frecuencia de la hemorragia posparto: ACOG, Postpartum Hemorrhage (Practice Bulletin 183) — acog.org
  • Indicación y momento de la aspirina en dosis baja; la FIV como factor de riesgo moderado: ACOG, Low-Dose Aspirin Use for the Prevention of Preeclampsia and Related Morbidity and Mortality (Practice Advisory, 2021) — acog.org
  • Placenta acreta: incidencia y riesgo según cesáreas previas con placenta previa (≈11% con una, ≈61% con tres): ACOG, Placenta Accreta Spectrum (Obstetric Care Consensus n.º 7, 2018) — acog.org
  • Reposo y restricción de actividad no recomendados de forma rutinaria: ACOG, Physical Activity and Exercise During Pregnancy and the Postpartum Period (Committee Opinion 804, 2020) — acog.org
  • Criterios ideales para gestantes, evaluación individual y autonomía corporal de la gestante: ASRM, Recommendations for practices using gestational carriers: a committee opinion (2022)asrm.org
  • Más trastornos hipertensivos en embarazos por subrogación: metaanálisis de 2024 — PubMed
  • Más parto prematuro, alteraciones placentarias y hemorragia posparto en embarazos por subrogación en EE.UU.: estudio nacional estadounidense de 2024 — PubMed
  • Ciclos programados sin cuerpo lúteo y trastornos hipertensivos (certeza baja o muy baja): metaanálisis — PubMed
  • Síntomas de depresión posparto en aproximadamente 1 de cada 8 mujeres: CDC, Depression During and After Pregnancycdc.gov

Varias de las asociaciones descritas aquí proceden de estudios observacionales: muestran que dos cosas van juntas, no que una cause la otra, y algunas fueron calificadas por sus propios autores como de certeza baja. Las he incluido igualmente porque son la mejor evidencia disponible y porque el silencio no te protege.

Esta guía es información general y no una valoración de tu caso ni asesoramiento médico o legal. Las tasas nacionales describen a una población, no a ti: tu riesgo depende de tu historial, tu edad, el hospital donde des a luz y el protocolo de tu clínica. Las condiciones contractuales que se mencionan varían por estado y por acuerdo, y no están garantizadas por ley. Antes de decidir, revisa tus antecedentes con tu obstetra y tu contrato con una abogada independiente con experiencia en reproducción asistida en tu estado.

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